Polvo de aquellos lodos
Añoranzas de mi querido pueblo
Por: Juan Bosco Tovar Grimaldo (Jesús Francisco “Panchito” Hermosillo)
Con bastantitos años en su haber, Estación Catorce aún conserva algunos vestigios de su origen; el edificio de la estación y el enorme aljibe que se divisa desde muchos kilómetros a la redonda. Son muestra del nombre de mi entrañable pueblo y que aún siguen de pie, igual como los viejos pinabetes que se niegan a morir en la plaza.
Pocos, hay que decirlo, muy pocos son los cambios que se han logrado para Catorce y los más actuales vinieron a terminar con algo de la poca historia que ha quedado sepultada, por ignorancia, por desdén y hasta por orgullo y nadie ha dicho nada, a quién reclamar.
Lo más novedoso que ahora brinda una imagen diferente y pretende darle un rostro de modernidad al pueblo fue la transformación total de la plaza Miguel Hidalgo, de aquel paseo familiar que se mantuvo por muchos años y que sólo era objeto de obras de relumbrón hasta que por fin se tomó una decisión un tanto cuanto inteligente, a medias.
Si bien la plaza Miguel Hidalgo era un sitio viejo, con andadores ya muy deteriorados y un sistema de iluminación paupérrimo, conservaba vestigios de lo que fuera Catorce en sus tiempos de bonanza y sin el menor recato, esos recuerdos fueron borrados con mazo para convertirlos en escombro antes de proceder a la metamorfosis que ahora se disfruta.
Recuerdo que el paseo familiar por tradición estaba rodeado de bancas de imitación mármol, incluso estos espacios creados para el descanso existían en el centro de la plaza, cada una de ellas significaba la donación y la buena voluntad de comerciantes, personajes y del mismo sindicato guayulero que un día fueron organizados para darle a Catorce el espacio que ya merecía para esas tardes de domingo.
Años de nostalgia muy atrás, trae a mi mente el nombre de Pascual Chávez Jr. y La Norma, esta última era la nomenclatura de una de las tiendas más famosas de Catorce allá por la década de los 40sy 50s, y figuraba en la banca el nombre de su propietario.
Del nombre de este personaje de la historia de Catorce cito el comentario a manera de ejemplo: Pascual Chávez Jr, originario de Cedral, San Luis Potosí llegó a Catorce atraído por la bonanza que se vivía en esta parte del desierto potosino, cuando la fábrica Guayulera estaba en pleno apogeo, gracias a la beligerancia de los países que estaban en guerra y de esta árida tierra surgían pertrechos o municiones que alimentaban dicho conflicto.
En esta compañía extranjera se producía una especie de munición natural a base de la planta del guayule, cuya demanda era cien por ciento estadounidense y mientras tanto alentaba una economía de un pueblo que después de la segunda guerra mundial no supo sostenerse.
Chávez Jr., llegó para ser el tenedor de libros (administrador o contador) de un establecimiento comercial denominado La Saltillera, propiedad de Don Fermín Torres, tal vez el almacén más famoso en toda esa región donde lo mismo se comercializaba con plata, con ixtle y hasta pieles.
Al paso de unos años, Don Pascual decide radicar en Estación Catorce y una vez establecido se trajo a vivir con él a su esposa Doña Amelia Villanueva y una vez unidos sus capitales crearon su propia tienda que llamaron La Norma, en alusión a un establecimiento comercial que fuera de sus familiares en la ciudad de Matehuala.
Con la prosperidad que brindaba en ese entonces el movimiento comercial de la comarca, La Norma se ubicó como una de las tiendas preferidas de toda la zona por el trato que solía brindar a los clientes el don de gente que caracterizó a Don Pascual.
Esa misma prosperidad y felicidad llegó al seno familiar, del cual Catorce debería sentirse orgulloso por ser la cuna que arrulló los sueños de uno de las personalidades más destacadas dentro de las actividades del Vaticano.
Pascual Chávez Villanueva, hijo del famoso comerciante se convirtió en sacerdote, después de que sus padres emigraran a Saltillo tras el cierre de la fábrica Guayulera y sus enseñanzas de teología se enfocaron por la orden de los salesianos.
Hoy en día, Chávez Villanueva es el Rector Mayor de esta orden en El Vaticano y de los recuerdos que dejara su padre en Estación Catorce no existe mas que polvo, el mismo en que se convirtió la banca que un día llevara grabadas las letras del nombre del comerciante y del establecimiento que se mantuvo en ese lugar hasta principios de los 50s.
He querido citar el nombre de Pascual Chávez Jr., sólo como ejemplo de la misma suerte que corrieron otras bancas que tenían labrados los nombres de sus donadores y que después de ser escombro pasaron a convertirse en basura por una mala planeación de lo que ahora es la majestuosa plaza de Catorce, de las que disfrutan las nuevas generaciones, pero las viejas vieron que el valor que se tuvo que pagar por ella, fue muy alto, no en lo económico, sino en lo histórico.
Poco o nada se podría esperar de una administración que a pesar de promover el turismo a su más ventajosa conveniencia, pasó por alto y por el arco del triunfo un detalle del que deberíamos sentirnos orgullosos todos los catorceños.
martes 16 de junio de 2009
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