domingo 7 de septiembre de 2008

Bandidos de Catorce

Chabeca, la historia de un tirano

Por : Juan Bosco Tovar

Estación Catorce, Octubre de 1959. Así está escrita en la historia de este pueblo la fecha en que murió el tristemente célebre Isabel Torres, mejor conocido como Chabeca, comandante y recaudador, quien por más de 20 años sembró el terror en toda la comarca. Los fieles franciscanos fueron testigos de aquel duelo en que Teodoro Quijano cobró con sangre la deshonra de que fue objeto por aquel temible pistolero y con ello toda una historia de latrocinios, vejaciones, humillaciones y asesinatos de que hiciera víctima Chabeca a muchos pobladores de Catorce y sus alrededores. Chabeca y Teodoro Quijano eran íntimos amigos, el primero con el cargo de comandante se había ganado a fuerzas y punta de pistola el respeto de todos los lugareños, el segundo veía cómo la fortuna de la familia se le escapaba de las manos y emprendió el viaje a los Estados Unidos para recuperar a fuerza de trabajo el patrimonio perdido. Un buen día se despidió del pueblo y enfiló hacia el norte en tren, encargó a su familia con Isabel Torres, seguro que tendrían respeto al lado del siniestro personaje. Bien dice el dicho que no hay amigo sincero que se compre con dinero. No pasaron ni dos años cuando las murmuraciones en el pueblo señalaban con índice de fuego la deshonra de que había hecho objeto a su mejor amigo. Chabeca y la esposa de Quijano eran amantes y los hijos de éste en manos de familiares. Teodoro Quijano regresó a Catorce sólo para enterarse de la humillación que le hiciera quien fuera su íntimo amigo. Su familia le aconsejaba se regresara a los Estados Unidos, pero sólo el ausente sabía la pena que le embargaba y en la cantina que fuera de su propiedad trataba de esconder la pena en las copas de mezcal. Era de todos conocidos la desfachatez, prepotencia y poca vergüenza que caracterizaron al más corrupto de los policías que ha tenido Catorce, quien utilizaba métodos medievales e inquisitorios en contra de aquellos que por alguna razón infringieran la ley, y en ocasiones hasta inventaba delitos. Se le conocía también como recaudador porque cobraba lo que él mismo denominaba como “Impuesto por Piquete”, que se aplicaba a aquellos matanceros que en esos días y en la Navidad sacrificaban cerdos para la venta de chicharrones y carnitas, así como para la carne de los tamales. A Chabeca se le atribuyeron varias muertes de aquellos cristianos que osaron resistirse a un arresto porque él hacía la ley en Catorce y buscaba de manera afrentosa pararse en la cantina donde sabía se emborrachaba Quijano y pedía al cantinero canciones que relacionaran cuestiones de adulterio en cualquier melodía. Cada vez iba en aumento el acoso humillante en contra de Teodoro, pero éste no hacía caso al consejo de sus amigos y familiares, hasta que en una ocasión otro elemento de la policía, Chito Guerrero, le aconsejó: “Mándelo a chingar a su madre”, no se deje, ya estuvo bueno de indirectas, todo el pueblo sabe de sus insinuaciones y cualquiera le va a dar la razón. Busque el momento y la hora y ahí me avisa para inventar una diligencia a Real de Catorce y así me hago de la vista gorda. Con esa sentencia, se fraguó el enfrentamiento y aquel dos de octubre de 1959 a las cuatro de la tarde, Teodoro Quijano se enfrentó al matón con una pistola calibre 45 y al tiempo que Chabeca echó mano de su 38 ya la muerte le había llegado; un balazo en el brazo derecho nulificó cualquier intento de ataque y defensa, sus disparos fueron al suelo, mientras los de su rival encontraban blanco en la humanidad del temible comandante. Quienes se encontraban cerca de la plaza Miguel Hidalgo fueron testigos de la balacera y ante la agonía del tirano surgió de entre la gente su familiar Jesusita Torres, quien empuñó la pistola de Chabeca para vengarlo, pero cuando enderezó la mirada llena de lágrimas ya se había perdido entre los puestos su victimario, de quien no se volvió a saber nada. De esta forma murió el mítico personaje que allá por la década de los 40s y 50s sembró el terror en toda la comarca catorceña por sus rudos métodos policiacos y su desmedida ambición. Dicen, (el dicen es de por sí una media verdad o una media mentira), según se quiera ver, que al funeral de Chabeca sólo acudieron familiares cercanos, porque no había un solo catorceño que no haya sido víctima de sus fanfarronerías y actos de corrupción. Curiosamente con ello, llegó la tranquilidad al pueblo y nunca más hubo robos, se creó desde entonces un verdadero respeto a la ley y la gente recuerda más a la familia Quijano que a los Torres, porque en los actos de justicia siempre se impondrá la razón.