jueves 31 de julio de 2008

Cartas desde Real

Por: Mercedes Aquino

NUEVAMENTE

Este lugar es tan increíble que no puedo dejar de escribir las inesperadas y a veces grotescas historias que nos suceden en el acontecer diario. Encontrar la belleza dentro del caos, como hacía Henry Miller o simplemente ser un observador, resulta divertido, estimulante y considero llegado el momento de compartir estas aventuras nuevamente. Se que existen en varios rincones de nuestro planeta, personas que han sido tocadas por la magia de Real de Catorce. Algunos han vivido aquí y han emigrado, otros sólo de pasadita. Yo lo amo y sufro desde hace ocho años. A veces me siento tan afortunada. A veces quisiera escapar. Pero cuando camino en la oscuridad, y los únicos rumores que me acompañan son los del viento entre las casas y la vibración cósmica que se siente alrededor, me reconcilio con lo más primitivo de nuestra esencia. Al volver la vista hacia la bóveda celeste y observar en toda su inmensidad una explosión de estrellas abrazadas a la noche, sin que las luces de la civilización se interpongan entre este paisaje y la silueta de las montañas, me invade la reconfortante sensación de ser todo y nada. Un remanso en medio de este desquiciado mundo que nos tocó vivir. Los espero en www.cartasdesdereal.blogspot.com
Aprovecho el espacio para agradecer a Valerio Monti sus atenciones.

domingo 20 de julio de 2008

Fiesta Patronal en Estación Catorce, S.L.P.

Cada año, se festeja en Estación Catorce al Sagrado Corazón de Jesús. Es la fiesta patronal del pueblo que se lleva a cabo cada último fin de semana del mes de junio. Llegan peregrinos con la rosa de plata de Monterrey, San Luis y Cedral. Específicamente en la ciudad norteña se ofrece una misa el sábado por la mañana en la catedral con todos los peregrinos que saldrán en autobús a la Estación. Ya en el camino, algunos corren con la rosa en la mano mientras otros descansan en el autobús. Cabe mencionar que son acompañados de una ambulancia. Es un viaje largo, por lo cual deben descansar. Salen de Monterrey el sábado por la mañana y llegan a descansar a San Tiburcio, Zacatecas, por la noche. Allí, celebran otra misa. El domingo, parten hacia la Estación, en donde los esperamos con adornos que cuelgan por los postes y paredes, flores que adornan las casas y música de banda en vivo. Todo se tiñe de colores blanco y rojo. Vienen muchos matachines danzando con ellos. Son personas fieles que nos visitan cada año. Hacemos un recorrido por las calles principales hasta llegar a la iglesia. Una vez allí, se oficia misa. Después, se les invita a comer arroz, mole, asado de puerco, frijoles a la charra, entre otros suculentos platillos mexicanos que ya los lugareños han preparado con mucho cariño. Toda la tarde hay torneos de carreras en bicicleta, rifas, caminatas, venta de dulces, ropa, antojitos mexicanos y otras cosas en la plaza del pueblo. Por la noche, en la explanada afuera de la iglesia, se ofrece un festival con grupos de danza folclórica de Matehuala o bien de San Luis Potosí, cantantes, obras de teatro, música de banda e imitadores. Al finalizar el festival, hay un gran espectáculo de pirotecnia que chicos y grandes disfrutamos. Y por si fuera poco y para cerrar con broche de oro, hay un gran baile con música en vivo que permite a los lugareños y visitantes ir a mostrar sus pasitos de baile. Les invito a visitarnos en estas fechas. Es una fiesta que disfrutamos desde hace muchos años y cada vez viene más gente. Aprovecho la oportunidad para informarles que se acaba de abrir un nuevo hotel en la Estación, propiedad de mi padre, el Sr. Ricardo Espinosa. Cuenta con las comodidades necesarias para descansar y gran terreno para estacionar sus vehículos sin temor a que les pase algo, además de estar muy bien ubicado: a sólo media cuadra de la Plaza principal. Al preguntar por el Hotel RIKR2 cualquier persona les puede informar. El teléfono es el: (01) 488-88-13-128. Son precios muy accesibles.
Agradezco a Valerio la oportunidad de escribir en este espacio que ha representado mucho para mí desde el primer artículo. También he tenido la fortuna de conocer personas que leen los escritos anteriores y me contactan para preguntar cómo llegar a la Estación o lugares aledaños, o sobre las tradiciones de estos rumbos. Por favor no dejen de visitarnos, muchos turistas vienen a conocer el desierto. Bajan del Real y algunos ya se han quedado a vivir aquí en la Estación, que también tiene magia en sus calles, en su gente, en sus costumbres.
Estoy a sus órdenes para cualquier información. Lic. Aracely Espinosa G. correo: aracelye_nana@yahoo.com

jueves 10 de julio de 2008

Historia de Real de Catorce

Aquí le envío esta entrevista con don Diego Sánchez García, con la finalidad de completar la base de diagnostico poblacional de salud en la cuestión de historia. He querido compartirlo pues don Diego tiene un gran conocimiento que debería ser difundido a las nuevas generaciones; ojalá alguien tuviera el tiempo para escucharlo y hacer un documental en forma. Si alguien sabe de historia en este pueblo, ese es don Diego Sánchez.
Atte: Dr. Samuel Quintanilla



martes 1 de julio de 2008

Algunas noticias sobre el padre don José Flores y las ricas minas de su nombre

Era el eclesiástico don José Manuel Flores, nativo de una hacienda de campo, distante dos leguas de San Juan de los Lagos, al oriente de esta población. Hijo de padres decentes, pero de escasa fortuna, se ocupó en sus primeros años al trabajo del campo, y a los veinticinco de su edad se dedicó a los estudios eclesiásticos, concluidos los cuales fue nombrado ministro del pueblo de la Hedionda, en la provincia de San Luis Potosí. Esta circunstancia le proporcionó comprar en 1782 una mina en el mineral inmediato de Catorce, que hasta entonces había sido trabajada sin producir fruto ninguno, y el 27 de marzo de 1787, adquirió otra llamada “San José de Lorza”, que sus dueños don José Gregorio Velázquez, vecino de Matehuala y don Salvador Fonseca, que lo era de Irapuato, le cedieron sin otra condición que la de que les remunerase a su arbitrio en caso de que la mina llegase a estar en bonanza. El padre Flores siguió trabajando ambas minas, que fueron más conocidas con su nombre que con el que antes tenían, sin otros recursos que los muy escasos de que podía disponer. A fuerza de constancia y de sacrificios logró al fin alcanzar un gran salón de cuarenta varas de amplitud, “que era de pura plata”, según pormenores que dieron a don Lucas Alamán de la ciudad de San Juan de los Lagos, “sin tener que hacer otro gasto que sacar aquel polvo en bateas: la veta estrechándose y ampliándose a trechos, formaba una especie de bolsas, comunicadas unas con otras por un hilo angosto que servía como de guía o rastro para seguir de una en otra, hecho único en la historia de la minería de la Nueva España.” El padre Flores empleó los ricos productos en comprar fincas rústicas y urbanas en San Luis y en las inmediaciones del lugar en que había nacido, y marchó en 1808, siendo ya muy anciano a vivir en la villa de San Juan de los Lagos, donde permaneció hasta el momento en que tuvo el trágico y horroroso fin que dejo referido en la página 405 de este tomo.

Se había hecho el nombre del padre don José Manuel Flores sumamente notable en la minería, por los extraordinarios productos de una que empezó a trabajar en el mineral de Catorce, en la provincia de San Luis Potosí, que produjo en el primer año de su bonanza, un millón seiscientos mil duros, según dice el barón de Humboldt en su “Ensayo político sobre el reino de la Nueva España”. Cuando en 1810 estalló la revolución promovida por el cura Hidalgo, el padre Flores, que era ya muy anciano y se había establecido dos años antes en San Juan de los Lagos, cerca de cuya villa había nacido, se declaró abiertamente contra el movimiento verificado. Adicto al gobierno virreinal, obsequió mucho al brigadier realista don Félix Calleja cuando pasó con su ejercito por aquella población para dirigirse a Guadalajara. Estas atenciones con el jefe que marchaba a batir al cura Hidalgo y un pleito que tuvo sobre linderos de su hacienda de campo llamada “Estancia Grande”, próxima a San Juan de los Lagos, le crearon enemigos de los que al fin fue víctima. Su muerte fue terrible. El 5 de marzo de 1811 se presentó una partida de cuarenta hombres armados de lanzas, a tres cuartos de legua de la población, que solo tenía diez y seis hombres de guarnición. Loa amigos y criados del padre Flores le aconsejaron que se ocultase; pero él, creyendo que lograría contentar al jefe de la partida llamado Villareal, si le daba alguna cantidad de dinero, reunió dos mil duros y él mismo salió a conferenciar con el guerrillero que se había situado el día 6 en un cerrito a la vista del pueblo. Los diez y seis realistas de que se componía la guarnición entregaron las armas, y Villareal, viéndose dueño de la población y aumentando el número de su partida con muchos indios que acudieron a unirse a él de las rancherías inmediatas, se hizo más atrevido. Viendo que nada tenía ya que temer, ultrajó de palabra al padre Flores, y aunque le dejó volver a su casa, hizo que fuese acompañado de cuatro hombres, con orden de que no le perdieran de vista. Bien porque realmente alterasen su salud los ultrajes recibidos, bien porque se fingiese enfermo para que le dejasen, se metió en la cama; pero resueltos los de la partida a no dejarle, lo llevaron cargado al cerrito que domina el pueblo por el lado del poniente. Llegado a este sitio, le desnudaron enteramente, y uno de los de la partida, llamado Melgarejo, le dio un balazo en el pecho, cayendo el padre Flores moribundo; entonces se acercó un negro, esclavo de una hacienda, llamado Norberto, le tuvo la cabeza para que le degollasen, y atándole en seguida otros los pies, le arrastraron largo trecho por entre espinas y malezas, le llevaron a un árbol, y echándole una cuerda al cuello que se la introdujeron por la herida con que fue degollado, le colgaron a la vista del pueblo. El cadáver permaneció así por espacio de cuarenta y ocho horas, pasadas las cuales se les dio sepultura, haciéndole antes cortar la lengua, la cual fue enviada a un individuo que quedó a tres leguas de la población, y que se creyó fuese el que había dispuesto aquel repugnante asesinato. El esclavo Norberto cayó en poder de las tropas realistas cuatro meses después, y fue colgado en el mismo árbol, después de haber sido fusilado.

Referencia bibliográfica: Niceto de Zamacois, Historia de México desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, Barcelona-México, 1876-1882, vol. VIII, pp. 404-406, 755-756.