jueves 1 de mayo de 2008

Los tiempos del hambre

Por: Juan Bosco Tovar Grimaldo

A paso lento se aproximaba la caballada a un pequeño caserío perdido en los llanos de Catorce, allá donde divide el estado de San Luis Potosí con Zacatecas, atrás la polvadera del resto de los revolucionarios y apeados el resto de la brigada.
Habían pasado muchos días, y los villistas no habían probado ni siquiera una tortilla, las raciones de pinole y de quiote habían terminado. De pronto de uno de los jacales salió presurosa una gallina y la algarabía hizo presa de todos los recién llegados.
“Sí hay máiz, aquí hay máiz”, gritaron jubilosos montados en su cabalgaduras cubiertas por el polvo de los caminos y presurosos desmontaron para abalanzarse sobre el animal que buscaba un refugio.
Cuando la tuvieron en sus manos, la gallina fue levantada en un puño como señal de triunfo y de otro de los jacales salió llorosa una mujer, en el interior estaban velando el cuerpo de un hombre que murió a manos de una gavilla sólo por defender un marrano de engorda.
Una voz fuerte se escuchó: “Tropa… a caballo” y rápidamente empezó el despliegue, la gallina volvió al suelo y la solloza mujer la recogió para estrecharla en sus brazos como se cuida un tesoro, era lo único que les quedaba para comer.
A lomo de caballo, un hombre maduro comenta a su compañero de al lado: “Son tiempos muy duros, dicen que en la capital tampoco hay (máiz… sic) que ya se están comiendo hasta el salvado y el sorgo en gorditas y el compañero de a lado sólo asienta con la cabeza y un sonido sale de su boca reseca y de labios extremadamente partidos: “Hey”.
Ese hombre de estatura baja, ojos azules y gorra de cuatro pedradas no quiso hacer mayor comentario del lamento, porque era de los pocos en la tropa que sabían leer y escribir y por ahí había leído que el país estaba en caos, por un lado azotaba la rebelión villista contra el gobierno de Venustiano Carranza y por el otro la hambruna, una mala decisión del Presidente de cerrar las importaciones de insumos y enseres por el pretexto de que se estaban utilizando para traficar armas de Estados Unidos a México.
Y que esa decisión habría derivado en un boicot a nuestro país de no ingresar ni siquiera maíz y fríjol; por lo tanto, los campos abandonados por la revolución y la mala decisión presidencial dieron origen a la hambruna más atroz que ha vivido México y de la cual la historia se niega a reconocer.
Para la gente del campo sólo era conocida como “tiempos del hambre”, por eso atesoraban lo poco que les quedaba y que significaba alimento, pero también dio origen a grupos de bandoleros que amenazados por el hambre robaban lo que podían, en grupo y hasta solos.
El único alimento de los revolucionarios consistía en moler el poco maíz que encontraban para poder repartido en raciones de pinole y donde encontraban quiotes los asaban y se repartían en trozos. De ahí derivaba el error en los reportes de inteligencia militar de los Estados Unidos que planeaban el ataque a las fuerzas villistas. “Se alimentan de tierra que recogen del piso y comen pedazos de madera, por esos son muy resistentes”, cifraba el reporte.
La hambruna en México se prolongó por casi dos años y durante ese lapso murieron muchas personas a consecuencia de anemia aguda, deshidratación, diarreas y hasta envenenados, donde comían prácticamente todo lo que les proveía el monte.

(Fragmentos Revolucionarios)
De los relatos de Marcelo Grimaldo Moreno (QEPD)

1 comentarios:

Ornelia dijo...

Me encantó su blog.

Real de catorce será uno de mis Destinos. Aún no. Próximamente.
Mientras tanto, puedo soñar con la idea de real de Catorce.

Un abrazo.